Camino por la calle con la vista extraviada entre la gente. Busco algo pero no tengo idea de que es; busco algo pero realmente no si lo estoy buscando. Entre el tumulto encuentro algo que capta mi atención, un brillo que opaca todo a su alrededor, un raro resplandor emanado de una profunda obscuridad. Seducido por esta mágica sensación acorto mi paso pretendiendo prolongar el momento. Tú mirada me tiene cautivado, no puedo hacer más que intentar describirla en mi mente. Observo a mí alrededor buscando una comparación, pero no encuentro alguna que se le asemeje. Buscando una comparación viene a mi mente el mar; cuya profundidad observada desde las alturas se ve tan aparentemente superficial, pero con un raro magnetismo que te hace sentir el poder de su profundidad; pero tiene algo más, tu mirada tiene algo más. Imagino un bebé que acaba de dar su primera vista al mundo, con una ternura cautivadora y una inocencia capaz de conmover hasta el corazón más perverso, pero no, tu mirada tiene algo más. Ya he llegado al punto máximo de mi visibilidad y logras perderte entra la gran masa móvil, y me has dejado con la intriga de que tiene tú mirada que la hiso tan atractiva a mi vista, que me deja en agonía esperando alguna vez poder tener el privilegio de volver a cruzar mi mirada con la tuya y gozar de esa infinidad de sensaciones que solo tu mirada puede causar e intentar descifrar el encanto de tus ojos.