¡Ah! ¡Dios! Que pesadilla, soñé que te perdía; que me odiabas; que ya ni la mirada me dirigías. Fue tan real que mi corazón aun late descontrolado. El pánico me invade de saber que podría hacerse realidad, o quizás porque ya sé que es realidad. No dejo de querer pensar que todo ha sido solo un lóbrego sueño, pero tan fuerte es mi dolor que no me deja crear ficción alguna, un dolor que no permite verdades paralelas, un dolor tan marcado y tenaz que desgarra el corazón y penetra hasta el alma, un dolor con nombre, un dolor con nombre de mujer, un dolor con tu nombre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario