viernes, 13 de febrero de 2009

Aún te recuerdo

Aún recuerdo aquel día en que mi gélida y lúgubre alma fue irrumpida cual rayo en tormenta por tu sublime resplandor, de cómo con tu simple y tímida sonrisa podía convertir los sombríos y funestos azares de la soledad en el más radiante y reconfortante de los momentos, de cómo detenías en tiempo empalagándome con tu vista de miel, con tus caricias de terciopelo elevabas mis sentidos a la supremacía, que solo tú me has hecho conocer, excitabas cada uno de mis nervios con tus blandos y suaves labios, besando cada uno, sin siquiera llegar a olvidarte de alguno, ¡oh! Aquellos cálidos y excelsos labios, ¡oh! Aquellos labios, me pregunto si existirá en este mundo sensación comparable con la que de tu ser me proporcionabas cual satisfacción inigualable de la que solo dioses serian meritorios de poseer.

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