Y aquí estoy, sentado en esta ya desgastada silla azul con la tenue luz de la lámpara al lado del monitor, una vorágine de recuerdos se apoderan de mi mente, recuerdos que llegan intentando escribirte estas pocas líneas, son tantas cosas que no sé por dónde comenzar, y si solo cierro los ojos y me dejo llevar por tu fantasma, tu trozó de alma que dejaste aquí cuando te sentaste donde justamente estoy ahora, donde te volví a conocer, aquí donde juntos escuchamos por primera vez las notas brotando de su piano, aunque ya era mi hábito escucharlo junto a ti fue cómo la primera vez, como si ese sonido me fuera desconocido como si tu hicieras que fuese distinto, supremo. Cierro mis ojos y te veo a través del humo del narguile, una imagen borrosa pero definida, no por lo que veía, sino por el aroma que mi olfato percibía, tu aroma fundido con el olor a frutas en el aire, esa esencia imposible de olvidar que dejaste impregnada en las sabanas y en mi piel. Tu fantasma me arropa, esa sensación evanescente de tu piel cubriéndome me hacen anhelar tus labios cálidos, húmedos y dispuestos para ser devorados por mí, labios hechos a la perfección para ser besados por los míos, tantas sensaciones que me consumen, sensaciones etéreas que se desvanecen cuando abro los ojos para dar paso a la realidad, y a ser consumido por esa vorágine de recuerdos que se apoderan de mi mente, y seguir aquí sentado pensando en que escribirte, pensando en que recuerdo aferrarme para poder escribirte y más aún deseando que seas más que un recuerdo, que seas mi realidad.
lunes, 25 de abril de 2011
viernes, 22 de abril de 2011
Eternidad
Te vi, mientras caminaba te vi, eres tú indudablemente, no podría jamás olvidar esa silueta acercándose desde lo lejos, bajo la luna espléndida, radiante, sublime pero tan simple comparada contigo. Cómo olvidar tu mirada, tan sencilla y común, color marrón infinito; verte fijamente es como caer en un vacío, rodeado de un sin fin de mariposas brotando de mi estomago, mariposas de todos los colores, cada una contagiándome una sensación solo con su roce llevándome al éxtasis con la rapidez de un parpadeo. Tu aroma, esa rara mezcla de olor a flores envuelto en el amargor del humo de tu cigarrillo que siempre con una sonrisa dijiste que lo dejarías, y tu sonrisa, aunque cuando te vi no la tenias, me pregunto qué te la habrá robado, me sentí arrebatado por las ganas de correr hacia ti y hacerte sonreír de nuevo y sonreír yo junto a ti, pero eso ya no ha de ser. Doy vuelta a mi mirada para seguir mi camino, y anhelar el susurro de tu voz llamando a mi nombre recordando todas aquellas veces que con tu melodiosa voz entonabas cada una de las letras que lo componen, pero esta vez no sucedió, te vas alejando y el aire retorna vacio sin tu aroma y sin tu voz, volteo y para darme cuenta que ya no estás, y me basta solo con esos segundos en que te cruzaste en mi vista para pensarte y seguir queriéndote como cuando tus dulces labios pronunciaron por primera vez el nombre que hace vibrar mi alma.
lunes, 11 de abril de 2011
Eras tú
Este sendero me es tan conocido, ¿cuántas veces no he estado aquí contigo? Contigo aunque no eras tú. Tantas veces que te he explicado este paisaje, cada vez tan distinto de los anteriores y tú tan distinta también, un crepúsculo lila, otro rosa, otro rojo como tus labios aquella vez; te besé; te volví a besar; te abracé una y muchas veces, era a ti aunque no eras tú, aunque aun no sabía tu nombre. Tus ojos, grandes, chicos, alargados, redondos, exóticos, tuyos, todos tuyos aunque no lo sean, todos iguales y distintos, en todos te veo y en todos te recuerdo aunque nunca te he visto. Siento tu piel morena rozar con la mía; tu blanco seno retoza debajo de mi lengua; tus trigueñas piernas me presionan lenta pero vigorosamente contra tu pelvis, ese vaivén característico, ritmos distintos, contracciones fuertes, más fuertes, gritos ahogados, suspiros entrecortados, miradas al infinito, todas distintas pero todas tú, porque todas tienen algo de ti y aún cuando no sabía de tu existencia sabía que era a ti a quien mi cuerpo deseaba encontrar.
viernes, 1 de abril de 2011
Sueños, solo eso
Otra noche sin tenerte conmigo, otra sinfonía triste que me susurra al oído, qué hay de aquellas noches en las que sin control alguno te hacía mía hasta perder la conciencia, hasta entrar en un estado de éxtasis de placer donde la noche se fusionaba con el alba en un instaste imperceptible, qué hay de aquellas sublimes caricias, suaves; aquellos dedos recorriendo tu torso, esos dedos traviesos que tanto te hicieron reír, también gemir, delirar y quizás, espero más que quizás recordarme aún cuando ya no estoy… Respiro; respiro profundo; vuelvo a respirar más profundo aún, no lo encuentro, ese aroma con el que solías impregnar estas paredes, estas sabanas, esta piel, sobre todo esta piel… Solo queda cerrar los ojos, soñar y una vez más hacer lo que mejor sé hacer, hacer que me ames por un instante y en el instante inmediatamente seguido me odies, porque solo así puede ser.