lunes, 25 de abril de 2011

Recuerdos etéreos

Y aquí estoy, sentado en esta ya desgastada silla azul con la tenue luz de la lámpara al lado del monitor, una vorágine de recuerdos se apoderan de mi mente, recuerdos que llegan intentando escribirte estas pocas líneas, son tantas cosas que no sé por dónde comenzar, y si solo cierro los ojos y me dejo llevar por tu fantasma, tu trozó de alma que dejaste aquí cuando te sentaste donde justamente estoy ahora, donde te volví a conocer, aquí donde juntos escuchamos por primera vez las notas brotando de su piano, aunque ya era mi hábito escucharlo junto a ti fue cómo la primera vez, como si ese sonido me fuera desconocido como si tu hicieras que fuese distinto, supremo. Cierro mis ojos y te veo a través del humo del narguile, una imagen borrosa pero definida, no por lo que veía, sino por el aroma que mi olfato percibía, tu aroma fundido con el olor a frutas en el aire, esa esencia imposible de olvidar que dejaste impregnada en las sabanas y en mi piel. Tu fantasma me arropa, esa sensación evanescente de tu piel cubriéndome me hacen anhelar tus labios cálidos, húmedos y dispuestos para ser devorados por mí, labios hechos a la perfección para ser besados por los míos, tantas sensaciones que me consumen, sensaciones etéreas que se desvanecen cuando abro los ojos para dar paso a la realidad, y a ser consumido por esa vorágine de recuerdos que se apoderan de mi mente, y seguir aquí sentado pensando en que escribirte, pensando en que recuerdo aferrarme para poder escribirte y más aún deseando que seas más que un recuerdo, que seas mi realidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario