Otra noche sin tenerte conmigo, otra sinfonía triste que me susurra al oído, qué hay de aquellas noches en las que sin control alguno te hacía mía hasta perder la conciencia, hasta entrar en un estado de éxtasis de placer donde la noche se fusionaba con el alba en un instaste imperceptible, qué hay de aquellas sublimes caricias, suaves; aquellos dedos recorriendo tu torso, esos dedos traviesos que tanto te hicieron reír, también gemir, delirar y quizás, espero más que quizás recordarme aún cuando ya no estoy… Respiro; respiro profundo; vuelvo a respirar más profundo aún, no lo encuentro, ese aroma con el que solías impregnar estas paredes, estas sabanas, esta piel, sobre todo esta piel… Solo queda cerrar los ojos, soñar y una vez más hacer lo que mejor sé hacer, hacer que me ames por un instante y en el instante inmediatamente seguido me odies, porque solo así puede ser.
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