viernes, 22 de abril de 2011

Eternidad

Te vi, mientras caminaba te vi, eres tú indudablemente, no podría jamás olvidar esa silueta acercándose desde lo lejos, bajo la luna espléndida, radiante, sublime pero tan simple comparada contigo. Cómo olvidar tu mirada, tan sencilla y común, color marrón infinito; verte fijamente es como caer en un vacío, rodeado de un sin fin de mariposas brotando de mi estomago, mariposas de todos los colores, cada una contagiándome una sensación solo con su roce llevándome al éxtasis con la rapidez de un parpadeo. Tu aroma, esa rara mezcla de olor a flores envuelto en el amargor del humo de tu cigarrillo que siempre con una sonrisa dijiste que lo dejarías, y tu sonrisa, aunque cuando te vi no la tenias, me pregunto qué te la habrá robado, me sentí arrebatado por las ganas de correr hacia ti y hacerte sonreír de nuevo y sonreír yo junto a ti, pero eso ya no ha de ser. Doy vuelta a mi mirada para seguir mi camino, y anhelar el susurro de tu voz llamando a mi nombre recordando todas aquellas veces que con tu melodiosa voz entonabas cada una de las letras que lo componen, pero esta vez no sucedió, te vas alejando y el aire retorna vacio sin tu aroma y sin tu voz, volteo y para darme cuenta que ya no estás, y me basta solo con esos segundos en que te cruzaste en mi vista para pensarte y seguir queriéndote como cuando tus dulces labios pronunciaron por primera vez el nombre que hace vibrar mi alma.

No hay comentarios:

Publicar un comentario